Esta imagen podría provenir de cualquier parte, del mismo modo que esa palabra puede sugerir diversas ideas, distintas formas de rebelarse o resistir. Sin embargo, es un paisaje cercano. Lo tenemos bien a mano en la antesala de la playa desprestigiada, lindando con ese barrio singular y maltratado que tiene nombre de apóstol. Y aunque nos inquiete, su proclama rotunda dice lo que quiere decir: un mensaje que surge de pronto tras la curva lenta como una provocación veloz dispuesta a colarse en nuestras conciencias, adormecidas por el alisio y las suaves temperaturas con demasiada frecuencia. No deja de ser curioso, o quizás indicativo de rudimentos que aún no entendemos, cómo el azar termina a menudo enlazando las hebras sueltas. La crisis ha dejado espacios publicitarios sin ocupar, abandona vallas que quedan huérfanas y solas, menesterosas, paneles vacíos que también son una metáfora de los tiempos y las dudas, lienzos disponibles para la intervención popular, tan espontánea y certera, en numerosas ocasiones tan necesaria, tan reveladora. Acaso, resulta llamativo que tuviese que ser precisamente ahí, en un terreno fronterizo junto a uno de los mayores símbolos del despropósito local, enfrente de esa ruina moderna, ya popular, a la que se ha dado en llamar el mamotreto. Justo a la entrada de un manipulado paraíso junto al mar. Sin apartar los ojos de la fotografía, como un investigador siguiendo las pistas que ya casi se borran, comienzo a sospechar que la casualidad puede ser capaz de mostrar lo que la realidad testaruda ha ido escondiendo. Bajo las capas ajadas y descoloridas, como un palimpsesto que trasluce caligrafías antiguas y superpuestas, consigo apreciar un último detalle: en la esquina inferior izquierda, antiguos rastros sobre la chapa percudida, unas aspas blancas, rombos azul marino sobre un fondo amarillo canario, rastros que remiten a colores locales, a identidades que se diluyen bajo la presión impertinente de estos tiempos feroces. Alguna conciencia crítica ha decidido intervenir, en fin, hacerse oir. Y así, se aprovecha ahora de los márgenes derivados de esta época frugal, y ultima, con ética militante y grafismo contemporáneo, los renglones vacíos que la escasa coyuntura no ha sido capaz de completar.

Javier Pérez-Alcalde Publicado en Canarias Gráfica/Diario de Avisos el 26 de enero de 2013