Delineando el perfil familiar de la Punta de los Órganos, una luz plana se va asomando tras la piconera abandonada. La playa de las Teresitas derrocha su espectáculo privado para quien llega temprano. Ha estallado de pronto pintando la arena a brochazos gruesos, un deslumbramiento que se aprovecha de la marea vacía y embadurna a los paseantes con estos buenos días. El risco trepa a plomo desde la orilla y ese marco natural, que casi se alonga sobre la costa, convierte este lugar en un paraíso cercano, es un edén de resonancias antiguas.

Sin embargo, venimos oyendo desde hace muchos años, dudosos negocios aparte, los mismos cantos de sirena. Se esparcen convenientes ideas acerca de su renovación, se fomentan espúreos debates que ponen en duda sus bondades y se promocionan, en fin, opiniones rehenes de ese terrible pensamiento contemporáneo por el cual todo debe de tener un rendimiento económico, una posibilidad de negocio. Y eso, ya sabemos por estos pagos en qué desemboca.

Aunque la esperanza es lo último que perdimos, quiero suponer que somos conscientes de lo que está en juego. Las virtudes de nuestra playa radican precisamente en la ausencia, ay, de altos intereses, en la falta de rentabilidad directa. En suma, en su permanencia casi natural. No se trata de ampliar hacia la montaña la superficie de arena -la línea de litoral no se multiplica-, ni pasa por construir un edificio de aparcamientos, o por urbanizar el talud privatizando las vistas en una dirección y mortificándolas en la otra. Seguro que no. Puestos a ello, quizás un modesto concurso destinado a jóvenes arquitectos en el que cabría diseñar unos kioscos elegantes, donde se pueda comer, cañear o tomar una copa por la noche; o un circuito para correr, una zona lúdica para niños y mayores, una mejora de las duchas. Poco más.

El resto ya está aquí desde hace mucho. Porque a pesar de la arena importada, mucho antes de la escollera que frena el ímpetu atlántico, ya bastaba con el mar, la luz y ese fondo agreste de piteras y cardones.

Javier Pérez-Alcalde Publicado en Canarias Gráfica/Diario de Avisos el 20 de octubre de 2013