Un libro recién comprado guardado de cualquier manera en una bolsa apretada, un pliegue que se forma durante el trasiego ambulante impelido por azares domésticos. Al tomarlo entre las manos, antes de ese acto reflejo que tiende a acercarlo a la cara, a oler el aroma eterno del papel engomado, observo los planos que surgen de la esquina plegada, tras abrir la cubierta rígida, y me intriga y me atrae esa sombra, ese claroscuro que sugiere un ámbito de calidez, un espacio que también podría proponer otra escala y otros usos y otras vidas.

Del mismo modo, a veces por puro accidente, se configuran los lugares y las situaciones, la arquitectura de la vida. Y los espacios para encontrarse se alimentan de ellos, precisan tanto del instinto como de la razón. Así que no deberían reducirse a la aplicación de geometrías reguladoras ni a la aritmética de ciertos estándares numéricos, escasos de espontaneidad, deudores de pulso natural. Más bien, resulta obligado que también atiendan a la geografía, al clima, al carácter popular, al paisaje; y aspiren a sentir al compás del aire que pasa, tratando de aprehender el inasible espíritu del lugar: porque hay aspectos que por fortuna acaso se sienten, rasgos tan importantes que felizmente no se ven.

Por ello, las ciudades siempre están abiertas, surgen tanto de la planificación más cuidadosa como de los azares o las realidades más pertinaces. Sedimentado por su propio ritmo, el decorado construido que nos rodea es a menudo una mezcla tan rica como complejas las relaciones y los afectos, las sorpresas habituales en el andar de cada uno de sus habitantes. Porque la materia creativa es tan voluble, tan caprichosa como las topografías de la vida. Cruces, hallazgos, intuiciones que a menudo nos encuentran a nosotros y no al revés. Como esa esquina intuida, o construida, que se insinúa por sorpresa en las páginas de un libro descuidado. Ésa es la textura que nos envuelve y alimenta, ésas las moléculas que dan forma a la materia y sustrato a lo intangible.

Javier Pérez-Alcalde Publicado en Canarias Gráfica/Diario de Avisos el 15 de diciembre de 2013